Está claro que no son tiempos fáciles y que muchos eventos personales y globales están generando una sensación de no poder más, mucho miedo y desconexión. Veo personas que siguen con sus quehaceres cotidianos (desde el momento en el que suena el despertador después de una noche difícil) como si todo esto no fuese con ellas. Son los mismos que necesitarán un desahogo emocional a través de un algún vicio mostrado como disfrute o normalidad. Que la sociedad haya normalizado muchas cosas no significa que tengamos que hacerlas. En qué momento intoxicarnos, dañarnos y depender de algo llegó a ser lo guay no me queda claro.
Muchas personas están rotas por dentro. Hay quien no quiere verlo, quien no le queda otra porque no tiene ilusión o energía para nada (y así y todo busca enemigos fuera) y hay quien entiende que para ser más feliz no hay que dar nada por descontado, que es necesaria una observación constante de lo que sí y lo que no así como luchar constantemente contra los miedos.
El lunes tengo una charla sobre motivación personal, en donde animaré a adolescentes a ser quienes quieran ser, a conocerse bien para descubrir sus pasiones y habilidades. Hay gente que cree que llega tarde a esto y no sabe dar un sentido a su vida con pasión, alegría y calma. ¿Cuál es nuestro propósito? ¿En el fondo no se trata de vivir en paz y haciendo el bien? Y si por el camino hacemos de nuestro oficio algo que nos genere alegría mejor que mejor.
Yo estoy convencida de que con una lucecita encendida hacia dentro, aunque duela muchas veces, podemos guiarnos en los diferentes ciclos que tendremos que vivir. Porque todo está ahí delante de nosotros: rupturas, cambios, imprevistos, enfermedades, muertes… así como una felicidad infinita.
Si te resuena puedo ayudarte a ser tu guía.
#florece
