Pequeña mía…

 

Pequeña mía, quiero decirte una cosa.

Podrás enamorarte, podrás probar sensaciones viscerales.

Podrás sentir que has encontrado a la persona de tu vida.

Pero también tienes que recordar que ni por un segundo de tu vida esa persona es tuya.

Tendrás que saber que ese idilio puede terminar.

Por parte de cualquiera de los dos. Y que, a menudo, ese final no se percibe de la misma manera. Y, sin embargo, no significa que no sea justo así.

Pequeña mía…llegarán personas que quieren mostrarte a donde puede llegar tu corazón, en donde  tu Eros pueda cantar y vibrar con la vida. Pero nada de lo que puedas sentir está unido, de verdad, con alguien más allá de ti. Eres tú. Está conectado a ti.

El tiempo juntos no es un deber. No es una atadura.

Si esa unión pierde su sentido puedes viajar y amar con todo tu ser todo lo que existe.

Incluso una voluntad férrea de crecer con el otro a menudo no es suficiente.

Hay líneas de destino que cruzan las historias.

No te cierres, no te enfades, no persigas. Tampoco es en vano todo lo que has vivido.

Ha sido muy importante y tiene un gran valor aunque se haya terminado.

Tu misión es permanecer abierta a la vida.

No digas que es injusto, no pretendas, no te ates si la otra persona decide libremente que ya no es.

No tomes nota de todo lo que has dado ni apagues a un corazón que quiere estar vivo.

Lo que has dado forma parte de tu belleza y lo llevas contigo siempre.

El rechazo significa “ya no soy la persona para ti porque hay otra maravilla que te espera”.

Eres libre de empezar otro capítulo sin volver a las páginas de atrás.

Habla con tu vacío, con tu soledad. Permítete sentirlos.

Acuérdate pequeña mía: nunca separes la palabra amor de la palabra libertad.

Emi

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